recí al pie del bello y peculiar Cerro de la Silla y no pude evitar admirarlo y sentirme parte de él. El Cerro de la Silla es símbolo y orgullo de los regiomontanos.

Desde pequeño lo he vivido y explorado, y le he ido buscando todas sus caras y fasetas. Ya sea desde sus cumbres, desde San Roque, desde Guadalupe o desde el aire, el Cerro de la Silla ofrece un espectáculo singular y majestuoso. Su belleza es más poética cuando los astros la adornan. Por eso, cuando logro conjuntar a la Luna o al Sol entre sus cumbres, siento que es la culminación de un paisaje anacrónico celestial.

Cuando logro captar con mi lente estos sueños, es para dejar evidencia de que los sueños soñados por este fotógrafo-soñador, se pueden hacer realidad.

Después sabría que algo había de cierto en esto que yo sentía pero no sabía. En la mitología Huichol, el orígen del mundo, de la vida, de la creación, se dio en la Huasteca, en nuestro cañón tan cercano pero tan desconocido. Sin saberlo tampoco, empece a capturar su belleza cuando el Sol o la Luna se ocultaban, cuando los astros dejan su huella en susu piedras, en sus enigmas, en sus misterios.

También después sabría que para los Huicholes, el hueco que forma la Silla, lo formaron los Dioses para que por él amaneciera el Sol al mundo y pudiera la Luna iniciar su viaje interminable. Miles de años luz después, sin saberlo consciente pero sabiendolo, reproduje esa conjunción de astros que dieron origen a la creación, en el origen primero.

Mi fotografía es mística, planetaria; es un tributo a la vida, a la creación. Es un reencuentro con el origen del mundo y un retorno a la naturaleza. Es mi humilde contribución a que, dentro del paisaje caótico urbano, sepamos encontrar la belleza y la poesía de nuestras montañas, sepamos remontarnos a sus mitos y a sus verdades, al enigma que encierran.

Al canto de vida que evocan y al mensaje fraternal que nos revelan. El Sol y la Luna se eclipsan en nuestras montalñas, en sus cumbres y cañones, dando origen al amor, a la poesia y a la vida que renace milenariamente. Sin la Huateca, sin la "Silla", sin Las Mitras Piramidal o las demás cumbres de Monterrey, la vida simplemente no existiría.





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FELIPE NACHER
FOTOGRAFO DE MONTERREY
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